Mi primer y triunfante día de caballero
Esta mañana salí del castillo en el que un noble señor me nombró caballero. Hacía un sol radiante, perfecto para mi noble causa de caballero, pues, estaba ansioso por encontrar alguna aventura o gente a la que proteger y socorrer.
Justo entonces oí unos gritos de alguien que necesitaba ayuda. Entré en el bosque y vi a un descortés caballero que estaba pegando a un chiquillo. Ante tal injusticia no me quedo más remedio que retarle a un duelo, pero, el caballero al ver mi gran valentía se negó a luchar y dijo que le perdonaría la vida al chiquillo y le dejaría de pegar. Minutos después, estaba saliendo del bosque satisfecho de como resolví el problema.Más tarde, siguiendo mí camino, divisé unos extraños caballeros. Al verlos de lejos, apreté mi lanza contra el pecho y les hice parar. Les obligué a jurar ante mí y ante Dios, que Doña Dulcinea del Toboso era, sin duda, la más hermosa del mundo. Sin embargo, uno de ellos se atrevió a decir que era probable que esta dama, a la que no conocían, fuese tuerta o bizca. ¡Esos canallas! Arremetí con mi lanza contra estos delincuentes. Repartí muchos golpes, y recibí algunos (muy pocos), pero entonces caí al suelo, y no pude levantarme. Más tarde, el marqués de Mantúa, me ayudó a levantarme y me llevó a una casa. Allí, unas gentes me preguntaron muchas cosas: porque estaba así y que qué me había pasado. Entonces, les dije que no respondería, solo quería que llamaran a Urganda para que curase mis heridas, también les dije que quería dormir.
Justo entonces oí unos gritos de alguien que necesitaba ayuda. Entré en el bosque y vi a un descortés caballero que estaba pegando a un chiquillo. Ante tal injusticia no me quedo más remedio que retarle a un duelo, pero, el caballero al ver mi gran valentía se negó a luchar y dijo que le perdonaría la vida al chiquillo y le dejaría de pegar. Minutos después, estaba saliendo del bosque satisfecho de como resolví el problema.Más tarde, siguiendo mí camino, divisé unos extraños caballeros. Al verlos de lejos, apreté mi lanza contra el pecho y les hice parar. Les obligué a jurar ante mí y ante Dios, que Doña Dulcinea del Toboso era, sin duda, la más hermosa del mundo. Sin embargo, uno de ellos se atrevió a decir que era probable que esta dama, a la que no conocían, fuese tuerta o bizca. ¡Esos canallas! Arremetí con mi lanza contra estos delincuentes. Repartí muchos golpes, y recibí algunos (muy pocos), pero entonces caí al suelo, y no pude levantarme. Más tarde, el marqués de Mantúa, me ayudó a levantarme y me llevó a una casa. Allí, unas gentes me preguntaron muchas cosas: porque estaba así y que qué me había pasado. Entonces, les dije que no respondería, solo quería que llamaran a Urganda para que curase mis heridas, también les dije que quería dormir.
Júlia Tost
Daniel Gil
Emma Grané
Joan Marc Ubach
(3º ESO B)



2 Comentarios:
jejeje que majos! espero poder continuar la leyenda, aunq no se donde continúa. me podrías decir como...
joder, me correo es ( amardel5@gmail.com) gracias
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