El blog de Don Quijote

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viernes, diciembre 17

Una muerte dulce

Oh! Gracias a estos cabreros que nos han acogido. Y como el amor, todas las cosas iguala, le dije a Sancho que bebiera de mi copa y comiera de mi plato. Más tarde, un zagal nos recitó un romance. Por todos mis libros de caballerías! Sancho, de tanto beber no sabía lo que hacía! Pero suerte que un amable cabrero me curó la oreja.
Me gustaría que nos acompañaran en todas las aventuras, con mi querido Sancho. Estoy contento de que hayamos pasado un buen rato cenando todos juntos.
Esta mañana nos encontramos a un cabrero que nos ha dicho que ha muerto un rico hidalgo llamado Grisóstomo, rendido al amor de la pastora Marcela.
Yo creo que Marcela no tiene la culpa, no es culpable de su belleza y por lo tanto, tampoco es culpable de la muerte de Grisóstomo
Al día siguiente, fuimos a la sepultura de Grisóstomo. No me gustan las sepulturas porque son muy poco caballerescas y a la vez muy tristes.
De pronto un maravilloso rostro, no más bello que el de mi estimada Dulcinea, apareció encima de la peña. Era la pastora Marcela y replicó que no era la culpable de la muerte del hidalgo ante sus furiosos amigos. Ella mostró la clara o poca razón que tenía en la muerte de Grisóstomo. A continuación, los pastores se fueron y decidí ir en busca de ella para ponerme a sus entrañables servicios.


Gonzalo Moreno
Marta Barrera
Estel Abad
Leandre Duran
(3ºESO A)

Molinos en combate

Cuando salí de casa junto a Sancho para emprender nuevas aventuras, nos encontramos en el campo de Montiel, y vi unos enormes gigantes que me provocaban. ¡Eran unos treinta o cuarenta como mínimo!
Me armé de valor y como caballero que soy, le demostré a Sancho que no sentía miedo alguno y quise envestirles, pero Sancho estaba como poseído porque no veía gigantes, me dijo que eran molinos.
Pensé que estaba loco, ¿cómo podía ver molinos? ¡Eran gigantes claramente!
Ignoré a Sancho, ya que padecía de locura, y mandé a Rocinante que avanzara a toda velocidad hacía los gigantes.
Los envestí, pero de repente uno de ellos me agarró con uno de sus enormes brazos y me lanzó junto a Rocinante por los aires, partiéndome así la lanza.
Sancho fue a socorrerme y desde el suelo, medio aturdido y lleno de rabia, vi ¡molinos! ¡Aspas en vez de brazos!
Así que reconocí a Sancho que fue Frestón mi gran enemigo quien gastándome una broma hízome ver gigantes.
De camino otra vez me acordé de que Diego Pérez de Vargas (Machuca) se construyó una lanza a partir de una rama de roble.
Así que decidí hacer lo mismo con el primer roble o encina que encontrara.
Sancho ya tenía hambre, para variar, pero yo no lo necesitaba, y seguí el camino mientras Sancho montado en su asno iba comiendo.
De lejos he visto unos árboles donde pasamos la noche.

Una foto de mi enemigo Frestón, transformado en un picapuerta.
Dragón que pica la puerta
Marta Muñoz
Albert Molins
Pau Miranda
Carla Bastard
(3º ESO B)

El principio de mi nueva aventura

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, el primer día de mi nueva vida:

Me desperté después de un sueño aterrador. Soñé que quemaban todos los libros de caballerías.
Al levantarme, no sabía si estaba soñando pero la puerta de la biblioteca no estaba:

- ¡Maldito, Frestón! ¡Siempre me haces la vida imposible!
Tras quince días de aburrimiento total encerrado en mi habitación sin tener nada que hacer, porque el médico no me dejaba salir, malgasté mi dinero vendiendo unas cosas y empeñando otras. Reuní unos dineros con los que conseguí algunos libros de caballerías y algunas camisas. También pedí una rodela y después de recordar lo que me dijo el amo de la venta, convencí a Sancho para que me acompañara en mis hazañas. Con todo esto, partí en busca de nuevas aventuras en mi segunda salida.

De camino, prometí a mi nuevo amigo Sancho la primera ínsula que ganase. Aunque Sancho dudaba de que su mujer pudiera ser reina, le dije al fin, que todo podía ser posible y que no se conformara con menos de gobernador.


Carlota Giménez
Marc-Marià Lara
Ester Baeza
Santi Robert
(3º ESO A)

Mi primer y triunfante día de caballero

Esta mañana salí del castillo en el que un noble señor me nombró caballero. Hacía un sol radiante, perfecto para mi noble causa de caballero, pues, estaba ansioso por encontrar alguna aventura o gente a la que proteger y socorrer.
Justo entonces oí unos gritos de alguien que necesitaba ayuda. Entré en el bosque y vi a un descortés caballero que estaba pegando a un chiquillo. Ante tal injusticia no me quedo más remedio que retarle a un duelo, pero, el caballero al ver mi gran valentía se negó a luchar y dijo que le perdonaría la vida al chiquillo y le dejaría de pegar. Minutos después, estaba saliendo del bosque satisfecho de como resolví el problema.Más tarde, siguiendo mí camino, divisé unos extraños caballeros. Al verlos de lejos, apreté mi lanza contra el pecho y les hice parar. Les obligué a jurar ante mí y ante Dios, que Doña Dulcinea del Toboso era, sin duda, la más hermosa del mundo. Sin embargo, uno de ellos se atrevió a decir que era probable que esta dama, a la que no conocían, fuese tuerta o bizca. ¡Esos canallas! Arremetí con mi lanza contra estos delincuentes. Repartí muchos golpes, y recibí algunos (muy pocos), pero entonces caí al suelo, y no pude levantarme. Más tarde, el marqués de Mantúa, me ayudó a levantarme y me llevó a una casa. Allí, unas gentes me preguntaron muchas cosas: porque estaba así y que qué me había pasado. Entonces, les dije que no respondería, solo quería que llamaran a Urganda para que curase mis heridas, también les dije que quería dormir.

Júlia Tost
Daniel Gil
Emma Grané
Joan Marc Ubach
(3º ESO B)

Quiero ser caballero

Me desperté temprano con mucha ilusión, ya que era hoy mi primer día como caballero. Me armé con todas mis armas y subí sobre Rocinante. Creía que el azar era quien debía disponer de mis aventuras. Seguí avanzando hacía mi destino, un destino inhóspito e indeciso. Mientras hablaba conmigo mismo, llegué a un hermoso castillo, donde se hallaban dos preciosas doncellas, quienes fuyeron de mí. Salió el alcaide, me dijo que no tenía lecho para cobijarme. Aunque yo quise quedarme ya que tenía que recuperar las fuerzas y me fui a comer.
Después de comer le pedí al alcaide si me podía nombrar caballero, pero no sin antes haber velado mis armar en la capilla, pero no había y las velé en el patio. Antes, pero, el alcaide me sorprendió al preguntar si llevaba dinero, y yo le dije, lógicamente que no.
Durante la velada de las armas, aparecieron unos arrieros con sus mulas, quienes intentaron robarme mis armas, entonces le pedí emocionado a mi señora Dulcinea que me ayudase en mi primera afrenta. Entonces cogí la lanza y le di tan gran golpe a un arriero que lo derribé en el suelo y lo dejé aturdido. Poco después llegó otro arriero al que le pasó lo mismo, pero este se quedó inconsciente. Me tiraron piedras desde el castillo, luego descubrí que eran otros arrieros alojados en el castillo. Vi como salía el alcaide de su castillo y me dijo que me armaba caballero inmediatamente y que me fuera a mi aldea a buscar dinero y ropa limpia. ¡Al fin! ¡ya soy caballero!

Anaïs Capilla
Eduard Balaguer
Joan Oriol Rubio
(3º ESO A)


martes, diciembre 7

Así empezó todo

Hoy me he levantado y he leído los últimos capítulos que me quedaran para leer de Amadís de Gaula. Me ha gustado mucho y me ha sorprendido el final.
Como ya me había leído todos los libros y no me quedaba ninguno para leer , vendí parte de mis tierras para poder comprar más.
Mi prima me dijo que fuera a cazar con el perro que hacía tiempo que no lo hacía, pero yo no quise porque quería empezar a leer el libro que me había comprado en el mercado, como me compré el libro no pude comprar comida y tuvimos que comer duelos y quebrantos.
Hace semanas que quiero irme a la aventura y por eso llamaré a mi rocín, Rocinante y a mi, Don Quijote de la Mancha para honrar a mi tierra como Amadís de Gaula. Sólo me faltaba una cosa, una bella doncella a quien dedicar mis logros. ¡Y encontré a mi dama ! Se llamaba Aldonza Lorenzo que era de los ángeles la más bella.


Jaume Amorós
Aaron Duque
Helena Gutiérrez
Carolina Rius
(3º ESO B)

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