El blog de Don Quijote

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lunes, enero 31

Micomicona, una mujer por la que luchar

Solo me acuerdo de estar en una alta peña rezando ¡un millón de avemarías por lo menos! Recuerdo también de haber escrito versos para mi amada dulcinea en la corteza de los árboles. En esa peña pase unos días hasta que se acercó una bella dama a hablarme. ¡Seré sincero no la conocía de nada! Esa dama me pidió que le hiciera un favor, pero por sorpresa llego Sancho en ese mismo momento, y me dio información sobre la dama, si mal no recuerdo me dijo que se llamaba Micomicona y que procedía de Etiopía.
El favor que me ha pedido la dama es que acabe con la vida de su gigantazo, pero yo tengo claro que haré lo que me dicte mi conciencia.
He decidido aceptar la aventura que me ha propuesto la dama, pero por el camino me he sorprendido de ver al cura de mi lugar.
Luego a pasado una cosa muy graciosa de la que no me he reído en la presencia del cura, pero a estas horas cuando lo recuerdo no puedo evitar de reírme. En fin, el cura iba a subirse en la mula del escudero de la dama, pero este que no es ni de buen trozo como mi Rocinante, justo cuando el cura estaba subiendo a alzado las patas, ha dado un par de coces i lo a lanzado directo al suelo arrancándole las barbas al escudero de la dama.
Pero el barbero le ha pegado de nuevo las barbas al escudero con solo decir unas palabras.
Me he quedado impresionado ante los poderes del cura, así que le he pedido que me enseñase aquel ensalmo que pensé debía curar las heridas lo mismo que pegaba barbas. ¡Y el cura me ha dicho que si! Así que además de caballero ¡sabré pegar barbas!
Después, más adelante me he puesto serio con Sancho ya que a veces se nota muchísimo que no tiene sangre de caballero como yo. Pero se lo he perdonado como buen caballero que soy.
Me he querido desnudar para ver si yo era ese caballero del que la dama me ha hablado, me ha dicho que se lo contó su padre, que la ver le llegaron voces sobre mis gran virtudes como persona y caballero que me quería casar con su hija, ¡es lo que pasa al tener buena fama, ya me voy acostumbrando! Pero Sancho me lo ha impedido porque él ya sabe que tengo un lunar pardo con pelos como cerdas.
Me ha sabido mal tenerle que negar la mano a la dama Dorotea, pero mi corazón pertenece a Dulcinea. Sancho no ha estado de acuerdo con mi decisión de rechazar la mano de Dorotea, así que le he tenido que dar dos palos, ¡Nadie blasfemia sobre mi Dulcinea! Pero al final lo hemos solucionado porque ha reconocido su error.
Nos paramos en una fuente para reposar i beber, allí me he encontrado con ese muchacho al que salve de los azotes de su amo mientras permanecía atado en un roble.
Pero el muchacho me ha contado que la palabra que me dio su amo de que le soltaría y le pagaría lo que le debía fue falsa, y que lo azotó más. Así que le he prometido al muchacho que al volver vengare su palabra, pero el ha preferido un trozo de pan con queso y con eso hemos quedado en paz.
La verdad es que he sentido mucha vergüenza, pero soy un gran disimulador y nadie lo ha notado, o al menos eso creo.
Luego de comer hemos ensillado las caballerías y al día siguiente hemos llegado a la venta, donde el ventero y su familia nos han recibido muy bien y con mucha alegría.

Carla Bastard, Carla Oliveres, Júia Tost y Marta Muñoz. - 3ESOB

¡Todos conocen el Amadis de Gaula!

Quedé muy cansado de la aventura de haber intentado salvar a los galeotes y le dije a mi escudero:-Siempre he oído decir quehacer bien a villanos es echar agua al mar, paciencia y a escarmentar", o sea, que ayudar a villanos no sirve de nada.

Decidimos ocultarnos en las ásperas montañas de Sierra Morena. Sancho iba tras de mí sacando comida de un costal y enbaulándola en su panza. Fue entonces cuando vi una maleta medio podrida y le dije a Sancho que la cogiera. Por un roto vi cuatro camisas y un montoncillo de escudos de oro. Sancho se alegró mucho y le dije que se los podía quedar. También encontramos una libreta con poemas y otros escritos.

Yo decidí buscar al propietario de la maleta para retornarle sus bienes, pese a la negación de Sancho. Nos encontramos con un cabrero y le preguntamos si sabía quién era el dueño de la maleta, y nos contó todo lo que sabía de él. Quedé tan admirado de lo que había oído que decidí buscarlo. Justo en aquel instante el loco apareció por entre una quebrada, hablando solo. Yo me acerqué a él y lo estreché entre mis brazos como si le conociera desde hacía mucho.El loco nos pidió que le diéramos de comer, que luego nos contaría lo que quisiéramos. También nos dijo que si queríamos oír su historia no le interrumpiéramos, pues si no la dejaba en este punto, dicho esto nos empezó a contar la historia. En medio, nos dijo que Luscinda le pidió para leer Amadís de Gaula.
Cuando escuché ese nombre me invadió un sentimiento de euforia y el corazón me empezó a palpitar muy rápido. No pude evitar interrumpirlo para decirle que yo lo tenía en casa. Cardenio, el loco, me miró fijamente sin decir palabra... hasta que le vino el ataque de locura y nos tacó.Cuando la pelea llegó a su fin, Sancho me pidió que le diera licencia para volver a casa. Poco más tarde, decidí escribirle una carta a mi Dulcinea. Así decidí que sería Sancho quien le diera la carta de mi parte, aunque sin firma, porque los caballeros no la necesitan.

Así me imagino la cueva donde vive el loco:
Cova de salnitre

Estel Abad, Mireia Sellarés, Lorena Roset, Ester Baeza.

Encuentro con Maritornes

Estuvimos buscando a Marcela durante más de dos horas, pero fue inútil. Dado nuestro cansancio decidimos reposar en una pradera. A Rocinante, también lo dejamos reposar, cosa que provocó un alboroto, ya que en la misma pradera había unas yeguas. Y estas y los yangüeses atacaron a Rocinante. Y como respuesta decidí atacar, cosa que sirvió, únicamente para recibir una paliza. Dado mi estado, yo y mi escudero nos fuimos a buscar un castillo. Al encontrar un castillo, una moza llamada Maritornes, quien me preparó comida, cama y una cura. Durante la noche entró Maritornes, entonces, a pesar de mi dolor de costillas, me levanté y le dije que yo era fiel a mi Dulcinea. Alguien me dio un puñetazo y patadas a mis costillas. Por si fuera poco, el lecho se me vino abajo. Entró un hombre y me agarró la barba. No me podía mover del daño que me hacía todo mi cuerpo. Después le conté un secreto a Sancho, este secreto era que Maritornes había venido a mi lecho. Y le dije a Sancho que me trajera aceite, vino, sal y romero para hacer el bálsamo de Fierabrás, para curar mis heridas, Después de esto no recuerdo nada más de aquella noche. Me desperté y ya era de día. Yo me fui con Rocinante, y después me acordé que Sancho aún estaba en el castillo y volví. Vi que a Sancho unos hombres lo estaban manteando. Suerte que Maritornes lo socorrió. Después de que Sancho recogiera sus cosas, nos fuimos. Eduard Balaguer, Xavier Bardají,, Jordi Condal, Dani Granados y Santi Robert.3º ESO A

El Yelmo de Membrino

Como dice el refrán, que donde una puerta se cierra otra se abre, vi a un hombre con el mismísimo Yelmo de Membrino en la cabeza; y Sancho, siempre tan contrario a mí, quiso hacerme creer que era un simple hombre que llevaba en la cabeza una cosa que relumbraba, e iba encima de un asno.
Me armé de valor como todo caballero haría, y fui a por el yelmo. Cuando el hombre me vio, saltó del animal y desapareció.
Le dije a Sancho que para que nuestro nombre perdure siglos y siglos, necesitábamos un rey al que unirnos.
Más tarde, vimos un grupo de condenados a galeras. Y como todo caballero, al conocer los delitos de cada uno, decidí liberarlos a todos. Con la condición de que estos fueran a comunicarle a mi querida Dulcinea del Toboso mi caballerosa obra.
¿Qué me ha pasado? ¿Cómo me ha podido suceder esto? Solo me faltaba esto… ¿Por qué he recibido esta paliza?

3ESOA
Marta Barrera
Anaïs Capilla
Carlota Guimènez

lunes, enero 17

Mi aventura con los yangüenses y lo que sucedió en una venta

Estuvimos buscando a Marcela durante más de dos horas, pero fue inútil. Dado nuestro cansancio decidimos reposar en una pradera. A Rocinante, también lo dejamos reposar, cosa que provocó un alboroto, ya que en la misma pradera había unas yeguas. Y estas y los yangüeses atacaron a Rocinante. Y como respuesta decidí atacar, cosa que sirvió, únicamente para recibir una paliza.Dado mi estado, yo y mi escudero nos fuimos a buscar un castillo. Al encontrar un castillo, una moza llamada Maritornes, quien me preparó comida, cama y una cura. Durante la noche entró Maritornes, entonces, a pesar de mi dolor de costillas, me levanté y le dije que yo era fiel a mi Dulcinea. Alguien me dio un puñetazo y patadas a mis costillas. Por si fuera poco, el lecho se me vino abajo. Entró un hombre y me agarró la barba. No me podía mover del daño que me hacía todo mi cuerpo. Después le conté un secreto a Sancho, este secreto era que Maritornes había venido a mi lecho. Y le dije a Sancho que me trajera aceite, vino, sal y romero para hacer el bálsamo de Fierabrás, para curar mis heridas, Después de esto no recuerdo nada más de aquella noche.Me desperté y ya era de día. Yo me fui con Rocinante, y después me acordé que Sancho aún estaba en el castillo y volví. Vi que a Sancho unos hombres lo estaban manteando. Suerte que Maritornes lo socorrió. Después de que Sancho recogiera sus cosas, nos fuimos.

El camino por donde nos marchamos:
Camino junto a cultivos en Castellfollit del Boix

Eduard Balaguer, Xavier Bardají,, Jordi Condal, Dani Granados y Santi Robert.3º ESO A

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