Un día cualquiera
Hoy me he levantado, como cada día, a las seis de la mañana con el canto del gallo. He ido al campo con mi asno Rosco, que por cierto cada día está mas viejo.
Recogí lo que tenia plantado, que era muy poco: cuatro tomates, algunas lechugas, y pocas zanahorias.
Como ya estaba muy cansado, me fui a casa a comer. Teresa ya me había preparado habas con salchichón que no estaba mal.
Por la tarde me fui al mercado de la ciudad a vender la cosecha del día, sin embargo no vendí nada. En el mercado vi al señor Quijana, mi vecino, que a pesar de que tenía un aspecto extraño puesto que iba montado en su viejo caballo y llevaba unas andrajosas armaduras tenía algo que lo hacía majestuoso. Después de ver esta escena tan poco habitual me fui a casa a cenar y me fui a dormir.
Recogí lo que tenia plantado, que era muy poco: cuatro tomates, algunas lechugas, y pocas zanahorias.
Como ya estaba muy cansado, me fui a casa a comer. Teresa ya me había preparado habas con salchichón que no estaba mal.
Por la tarde me fui al mercado de la ciudad a vender la cosecha del día, sin embargo no vendí nada. En el mercado vi al señor Quijana, mi vecino, que a pesar de que tenía un aspecto extraño puesto que iba montado en su viejo caballo y llevaba unas andrajosas armaduras tenía algo que lo hacía majestuoso. Después de ver esta escena tan poco habitual me fui a casa a cenar y me fui a dormir.
Xavier Bardají
Jordi Condal
Anna Barnés
Silvia Grau
Oriol Ventayol
(3º ESO A)


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