El blog de Sancho Panza

Sancho Panza también escribe su blog. Entérate de lo que pasa por su cabezota de escudero. Pregúntale lo que quieras a través de los comentarios.

18.12.04

Defendemos a Marcela

En nuestro camino nos encontramos a unos cabreros que nos acogieron amablemente a mi y a mi señor. Estos cabreros nos afrecieron comida ya que estabamos muy hambrientos. Mi señor me afreció comer de su plato y beber de su copa. Para comer nos ofrecieron un puñado de bellotas y medio queso. Entonces mi señor nos echó una charla sobre los tiempos pasados, los cuales, según decía, eran mucho mejores; ya lo dice el refran: “cual quier tiempo pasado fue mejor”. También nos decía que en estos tiempos ninguna dama estaba segura, y que por eso existía la orden de caballeros andantes a la qual el pertenecía.

Luego uno de los cabreros ordenó a Antonio, un zagal que cantara un romance. Fue entonces cuando llegó un cabrero llamado Pedro que nos contó, que murió Grisóstomo por el amor de Marcela.
Sin embargo mi señor no entendió la historia y le preguntó a Pedro , que respondió que el muerto era un hidalgo rico con estudios y muy sabio, y al volver de Salamanca, de donde estudiaba, murió su padre y el heredo una gran fortuna.
Marcela era la hija de un labrador aún más rico que el padre de Grisótomo, y era tan bella que a los quince años ya destacaba por su belleza y no había mozo que no se enamorase de ella. Y cuando murieron sus padres decidió ir a vivir al campo y hacerse pastora. Todos los pastores le pedian contraer matrimonio, pero se negó. Y Grisóstomo estaba entre esos pastores y por eso murió.
Una vez acabada la historia nos fuimos a dormir. A la mañana siguiente fuimos con los cabreros al entierro de Grisóstomo. En el entierro había un cabrero y al ver que mi señor decía que era un caballero lo tomo por loco, pero para reirse un rato le hizo preguntas sobre su profesión.
Los amigos de Grisóstomo llevabaron su cuerpo al pie de una peña. Más tarde un amigo suyo hizo un pequeño discurso sobre la vida de Grisóstomo, y en ese momento apareció a lo alto de la peña la pastora Marcela. Ella nos venia a dar explicaciones de su situación, y entre los insultos de los amigos de Grisótomo, ella nos explicó que ella no estaba obligada a corresponderle, y no lo mató ella, sino su insistencia. Y sin querer oír respuesta alguna volvió la espalda y se adentró en lo más cerrado del bosque.
En ese mismo instante a mi señor le pareció bien usar de su caballería para socorrer a una doncella y nos dijo que nadie se atreviera a seguir a la hermosa Marcela. Luego mi señor se despidió y decidió que fuesemos en busca de Marcela, y así lo hicimos.

La anécdota de los molinos

Hoy hemos ido al campo de Montiel con mi señor, donde habían treinta o cuarenta molinos.
Él empeñado en que eran gigantes lanzose a luchar contra ellos. Sin embargo yo veía molinos y estaba muy preocupado por lo que le pudiera pasar.
En aquel momento levantose u poco de viento y las aspas de los molinos empezaron a moverse. La lanza de mi señor, enganchose en el aspa del primer molino y por consiguiente mi señor acabó por los suelos. Acudí a socorrerlo muy preocupado por su estado físico, y vi que no se podía mover. En aquel momento pensé lo peor, pero esperanzome ver que respiraba.
Mi amo dijóme que Frestón había convertido los gigantes en molinos de viento y yo empecé a dudar de si él tenia razón o si siempre habían sido molinos de viento.
Yo sabía que mi señor estaba sufriendo por el dolor de la caída, aunque no se quejaba porque es un caballero.
Por la noche nos fuimos a buscar un sitio para dormir. Pasamos por en medio del bosque los dos con mucha hambre.Mi amo no quería comer porque decía que no lo necesitaba, y por esta razón tampoco me dejó comer a mí. Me sentía vacío, como si no hubiera comido en un mes entero. No podía soportarlo, creía que en cualquier momento caeríame en el suelo. Entonces cogí la comida y me la comí a espaldas de mi señor. No había mucha, y tampoco es que estuviera muy buena, pero mas vale pájaro en mano que ciento volando.
Anna Farell
Marc Escamilla
Raimon Sellarés
Carla Oliveres
(3º ESO B)

A quien madruga Dios le ayuda

Hoy, como cada día he estado trabajando en los campos de mi amo Mariano del Toboso, y he cobrado mi jornal. Porque como siempre digo: “A quien madruga Dios le ayuda”. De modo que me dirigí a mi casa con gran contento porque por fin me podría comprar una pata de jamón.
Cuando pasé por delante de la casa del hidalgo Alonso Quijana, vi como el cura y el barbero hacían una fogata con un montón de libros. Me pareció muy extraño pero no me inmuté.
Seguí hacia mi casa cuando casualmente encontré a Alonso Quijana en un estado muy deprimente. Estuvimos hablando un largo rato y él me pidió que le sirviese de escudero. Me pareció una idea un tanto estrambótica, pero me convenció con la promesa de hacerme gobernador de una ínsula que ganase. Como digo yo, “a barba muerta obligación cubierta”; por tanto, Alonso ya no podía echarse atrás con su promesa.
Por miedo a la reacción de mi esposa Teresa, no le dije nada de mi huida. Así que cogí mi asno y partí sin despedirme ni de mi mujer ni de mis hijos.
El Quijote (así creía llamarse) y yo, caminamos sin rumbo en busca de aventuras; bueno yo de mi ínsula.


Santi Pujol
Lucas Pagani
Mireia Sellarès
Dani Granados
Berta Duran
(3º ESO A)

¿Qué pasará en el día de mañana?

Eran las seis de la mañana cuando desperté:Todavia era de noche, pero no hacia frio. Fui a buscar unos huevos y desayuné. Mientras iba a trabajar encima de mi asno, pensaba en lo duro y cansado que es hacer cada dia la misma faena, en el campo,y que nunca pasaba nada interesante.
A mi lo que me gustaria seria hacer herramientas y me puse a trabajar. Este de trabajar, se ha caido en el rio, lo cual fue muy divertido. A las siete llegué a casa.¡Alli solo me esperaba la casa de siempre, la mujer de siempre y los niños de siempre! Mi mujer estaba haciendo la cena ,!Que asco,otra vez lentejas! Esa noche ocurieron muchas cosas.Primero me levanter unas cuatro veces¡Que mal me sento la cena!¡He decidido no comer mas lentejas!
A medida que pasava la noche, me iba encontrando mejor y finalmenteme dormí. Empecé a soñar. Me escapaba de casa con mi amo, y me encontraba en el bosque. Iba con un señor, un poco mayor, vestido de caballero. Yo ere feliz y me sentía libre, aunque me dolía un poco todo el cuerpo... Al final me convertíaen gobernador de mi propia insula.

Alex Pons
Nuria Ruiz
Santi Samanes
(3º ESO B)

Un día cualquiera

Hoy me he levantado, como cada día, a las seis de la mañana con el canto del gallo. He ido al campo con mi asno Rosco, que por cierto cada día está mas viejo.
Recogí lo que tenia plantado, que era muy poco: cuatro tomates, algunas lechugas, y pocas zanahorias.
Como ya estaba muy cansado, me fui a casa a comer. Teresa ya me había preparado habas con salchichón que no estaba mal.
Por la tarde me fui al mercado de la ciudad a vender la cosecha del día, sin embargo no vendí nada. En el mercado vi al señor Quijana, mi vecino, que a pesar de que tenía un aspecto extraño puesto que iba montado en su viejo caballo y llevaba unas andrajosas armaduras tenía algo que lo hacía majestuoso. Después de ver esta escena tan poco habitual me fui a casa a cenar y me fui a dormir.
Xavier Bardají
Jordi Condal
Anna Barnés
Silvia Grau
Oriol Ventayol
(3º ESO A)

Hoy es mi cumpleaños

Hoy el gallo cantó antes de las seis, y al ver que aún no había amanecido engañóme el sueño de nuevo. Tras una hora de sueño profundo despertóme los dulces gritos, algo histéricos de mi bella mujer Teresa, porque mi gran pereza había hecho que me durmiese una hora más de lo habitual.
¡Lindo despertar el día de mi aniversario!
Corriendo velozmente recogí de la cocina el frío desayuno y encaminéme calle abajo al campo a trabajar. Mis compañeros me estaban esperando con una sospechosa expresión de felicidad en el rostro.
Tal fue mi sorpresa al recibir el viejo y útil asno del arado al que varios años atrás se le rompió una pata, aunque ahora me aseguraron que ya estaba sanada.
Pasóme el tiempo volando hasta la hora de comer, cuando mi pobre estómago necesitaba comida. En mi veloz carrera por la cocina pude coger un chorizo que fue mi triste y solitario manjar. Toda la tarde la pasé muy contento con mi asno. Al acabar el atardecer, me fui a casa cantando, muy alegre encima de mi asno. Me caí de él pero no me importó porque quería llegar a casa.
Cuando mi mujer vio el burro me regañó porque era “viejo e inútil”. Pero ya se que con el tiempo lo apreciará.
Como regalo de mi mujer disfruté de mi cena preferida; legumbres con chorizo, y me pareció una cena exquisita.
Con mi cansancio me dirigí a la coma donde ahora estoy, oyendo a mi mujer quejarse a gritos porque el asno hace mucho ruido y no sabe donde meterlo, pero yo se que en verdad le hace mucha ilusión.


Jara Cerezuela
Hector Terrado
Joan Paüls
Berta Porcar
(3ºESO B)