El blog de Sancho Panza

Sancho Panza también escribe su blog. Entérate de lo que pasa por su cabezota de escudero. Pregúntale lo que quieras a través de los comentarios.

31.1.05

Un ejercito de ovejas

Aquellos hombres no dejaron de mantearme hasta que no les pagué. Yo estaba fatigadísimo.
Don Quijote al verme de tal manera, dijo otra de sus locuras, asegurándome que el castillo o venta estaban encantados y que los hombres que me mantearon sólo podían ser fantasmas. Yo ya estaba cansado de sus aventuras. Quería volver a casa, así que hice un comentario que don Quijote me respondió de tal manera que decidí callarme. Yo siempre le hablo bien a mi amo ya que como suelo decir: cortesía de boca, mucho consigue y nada cuesta.
Vimos en el camino una polvareda, y mi amo se giró advirtiéndome de que tras esa polvareda se escondía un ejército que iba a batallar contra otro, mientras otra polvareda se aparecía no muy lejos.
Pero yo, por más que miraba y forzaba la vista, no lograba ver ninguno de los caballeros que mi amo señalaba. Solamente oía balidos de ovejas y carneros.
Viendo entonces que tras la polvareda se asomaban ovejas y carneros le dije a mi amo don Quijote que se volviera pues tan solo eran un par de rebaños. Pero mi amo, loco como estaba, empezó atacar al rebaño.
Los pastores, que estaban cerca del arroyo vieron que un lunático mataba sus ovejas y le apedrearon. Yo bajé a socorrerle, y otra vez maldije el día que le conocí, pues me devolvió encima. Quería irme a casa pero: del dicho al hecho, hay mucho trecho. Y al final me convenció para que me quedara con él.
Cuando por fin el caballero vio que había luchado contra carneros y no ejércitos, atribuyó este cambio a Frestón (aquel mago que me moría de ganas de conocer que le hacía la vida imposible).
Buscando un refugio para pasar la noche nos cruzamos con un montón de lucecitas. Eran monjes que llevaban a un compañero suyo a enterrar. Pero el lunático de mi amo pensó que eran encamisados y se lanzó al ataque. No se dio cuenta de que se trataba de sacerdotes hasta que malhirió a uno y éste se lo contó. Se llevó una enorme desilusión pero nosotros seguimos nuestro camino.
Más adelante, entre la espesura del bosque oímos un ruido descomunal. Debo admitir que me asusté bastante, don Quijote quiso demostrar su valentía y dijo que quería ir a comprobar de donde provenía el ruido. ¡Pero de ninguna manera quería que me dejara solo en medio de quién sabe dónde! Así que fuimos los dos, dispuestos a lo que fuera... y de nuevo nos decepcionamos al ver que se trataba de un batán.


Sílvia Grau 3ESOA
Berta Duran 3ESOA




1 Comentarios:

At 10:58 AM, albaese dice...

como se llama el asno de sancho panza

 

Publicar un comentario en la entrada

<< Portada