¡Por fin sin Quijote!
Mi amo me pide que lo ayude a luchar con unos que entraron en la venta, pero yo estaba durmiendo cuando me llamó y tarde un rato en levantarme. Justo en el momento que salí a fuera llegó el barbero a quien mi amo le quitó el yelmo y la albarda y nos reconoció.
El barbero me acuso de que le robé su bacía, su albarda y los aparejos, entonces me sentí acusado i agarré al barbero y le di un puñetazo en los dientes. El barbero me dijo que era un salteador de caminos, pero yo me seguía negando.
Don Quijote se quedo muy contento al ver como me defendía, y se propuso armarme caballero en la primera ocasión que se le ofreciese. Quijote me pidió que trajese el yelmo que el barbero dice que es una bacía, yo me volví a negar lo que me mandaba Quijote, y el me ordeno que hiciera lo que me decía, entonces traje la bacía.
Después yo y el barbero volvíamos a pelearnos, y todos los que estaban en la venta también se peleaban porque según decía mi amo la venta, que el la llamaba castillo, dijo que estaba encantada. El cura al fin, logró que el barbero y yo habláramos sobre lo sucedido entre nosotros, y nos intercambiamos las albardas, y sin que se enterara mi amo el cura dio ocho reales al barbero para poderle pagar la bacía.
Reinó de nuevo el sosiego en la venta.
Quijote me pidió que ensillase a Rocinante y que nos despidiéramos de los señores de la venta. Pero nos quedamos porque al final dije a todos que Micomicona en realidad era la novia de Fernando.
Mi amo está como una cabra, y mientras dormía lo pusimos en una jaula y lo atamos. Ahora nos lo llevaremos a su pueblo, a ver si nos lo quitamos de encima.
Berta Porcar y Carolina Rius, 3ESOB


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